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Esta mañana mi mujer me contaba la noticia que las aguas habían vuelto a Pushkar. En realidad al lago de Pushkar, pero es que esta ciudad y su lago son 2 partes de un mismo ser. Por dos años he seguido las escasa noticias internacionales acerca de la situación del lago, el cual estaba seco hace 2 años, después de haber sido intervenido en un proyecto de ingeniería que buscaba una manera de mantener sus aguas limpias. Conozco Pushkar hace 12 años y siempre he admirado su gente, su cultura tribal, su comercio y su efervescente espiritualidad. Nos tocó estar personalmente con mi mujer e hija en noviembre 2008 cuando comenzaron los trabajos y el lago comenzaba a perder sus aguas después de miles de años, ante la mirada atónita de peregrinos y sacerdotes hinduistas, para quienes el baño ritual y la ofrenda es el medio de conección con la divinidad.
Pushkar tiene una historia de 2500 años de desarrollo espiritual y cultural (Y no es broma), y se encuentra situada alrededor de un lago natural en el alucinante estado indio de Rajasthan, al inicio del desierto del Thar que se extiende entre India y Pakistán. En la mitología hinduista, Pushkar es la ciudad del dios Brahma, y uno de los centros de peregrinajes más importantes del norte de India. Alberga una vez al año el festival de camellos (Pushkar Camel Fair) más grande de Asia, el cual atrae a unos 250.000 visitantes entre caravanas tribales de todo el desierto, comerciantes, peregrinos, fakires, leprosos y deformes, equipos de TV de todo el mundo y turistas que hacen del apacible Pushkar de 12.000 habitantes un espectáculo surreal durante una semana. Desde hace 40 años hippies, motoqueros y mochileros occidentales han hecho de Pushkar un destino favorito. Personalmente me encanta divagar durante la noche por sus oscuras callejuelas y templos. Nunca se sabe con qué uno se va a topar. A veces sólo hay silencio y vacas, algún adepto de yoga hindú meditando y los sigilosos murciélagos volando a centímetros de ti sin que te des ni siquiera cuenta. Otras veces puedes caer en un concierto de música local, una celebración hinduista o alguna otra situación digna de una novela de Kafka.
Pero toda la vida en Pushkar gira en torno de su lago. Es su alma. Su bastión de poder y su objeto de adoración. Las recientes lluvias monsónicas han sido estrepitosas, causando lamentablemente terribles inundaciones en Pakistán. Pero en Pushkar han renovado su vida, cayendo en el último mes 904 mm de agua. El monsón es siempre impredecible y en el 2009 el lago no retuvo la poca agua que cayó pues los trabajos habían dañado el sedimento natural formado a lo largo de la historia. Ahora todos esperamos que el lago pueda retener sus aguas y la magia de Pushkar siga ahí, bañando de vida a sus habitantes y turistas por igual. Estaré ahí en marzo 2011 la próxima vez, esperando sea el próximo viaje de muchos por venir.
Links: Aguas vuelven a Pushkar (Times of India)







